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Christian Junot Quiñonez

Juliana Guerrero y la trampa de los títulos de garaje

Una columna del Portal de Opinión

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En el mundo de la política y la educación, la matemática y la ética se pierden en el mismo aire que respiran las universidades de garaje. La noticia del título de Juliana Guerrero, sin haber presentado siquiera las pruebas Saber Pro, revela que en este país la mediocridad por conveniencia sigue triunfando sobre el esfuerzo y la ética profesional.

En Colombia, conseguir un papel parece más fácil que un certificado de conocimientos. La Fundación San José, entre otras, se suma a esas universidades de fachada que entregan títulos en tiempo récord, sin cumplir siquiera los requisitos básicos. Bastó una llamada, un favor, y listo: Juliana tenía su título, el mismo que en manos responsables habría significado cinco años de esfuerzo, estudio riguroso y honestidad académica.

Mientras un contador de verdad, que estudia en una universidad respetable, pasa cerca de cinco años aprendiendo los principios de la partida doble, las normas y la ética, aquí se prefieren recetas mágicas y atajos. En Colombia, los títulos parecen más souvenirs que un compromiso con la competencia. Estas universidades de garaje solo empeoran el desprestigio de la profesión, dejando en segundo plano a quienes sí hemos sudado para aprender y ejercer con honestidad.

Como contador, docente y defensor de la formación seria, me pregunto: ¿cómo habrán medido la idoneidad de Guerrero? Me encantaría hacerle un examen de partida doble en cuentas T, para ver si siquiera sabe qué es la partida doble. O si solo se trata de un título para cubrir requisitos y obtener un cargo público, ganando sueldos que a un contador con verdadera formación le tomaría años.

Este caso no es una excepción. Es una muestra más del tráfico de influencias que predomina en Colombia, donde las instituciones educativas prefieren llenar cupos y hacer negocios, en lugar de cuidar la calidad y la ética. La profesión contable, se sustenta en la fe pública, y esta se degrada cuando las universidades entregan títulos por influencia y no por conocimiento.

Que quede claro: el conocimiento no se regala ni se compra con papeles. La profesión requiere ética, compromiso y respeto por la inteligencia y el esfuerzo de quienes sí hemos estudiado para ejercerla. La solución no pasa por obtener títulos fáciles, sino por fortalecer la verdadera educación y desenmascarar a quienes venden ilusiones y se suman a estos actos de corrupción que tanto daño le han hecho a la sociedad colombiana.

Si esta tendencia continúa, acabaremos en un país donde los títulos falsos pesan más que la capacidad real, y la ética queda sepultada bajo papeles sin contenido ni valor.

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