La política colombiana, vista a través del lente del análisis crítico, suele presentarse como un paciente con múltiples comorbilidades. Sin embargo, pocas veces tenemos la oportunidad de sentar en el diván del escrutinio público a un especialista que, acostumbrado a lidiar con la vida y la muerte en el quirófano, decide que el bisturí ya no es suficiente para sanar las heridas de una nación. En mi reciente encuentro con el doctor Óscar Heilbron, cirujano cardiovascular y candidato al Senado por Salvación Nacional (número 15), la conversación no fue una simple exposición de promesas, sino una disección profunda y, por momentos, dolorosa de nuestra realidad institucional.
La entrevista comenzó abordando lo que muchos se preguntan: ¿por qué un cirujano de alto nivel abandona la asepsia del quirófano por el lodo de la política? Al respecto, Heilbron fue tajante. Cuando se le preguntó por sus motivaciones, explicó que su candidatura no es un capricho, sino el resultado de una frustración acumulada contra las reformas de salud diseñadas por tecnócratas que jamás han estado en la «primera línea» de atención.
Heilbron describió con particular irritación la carga burocrática que asfixia al gremio. Fue enfático al mencionar su molestia con los cursos obligatorios que el Ministerio impone anualmente, llegando a calificarlos como un obstáculo burocrático que limita y no aporta valor real a la práctica médica profesional. Para él, la verdadera atención médica nace de condiciones dignas y no de trámites de cumplimiento. Además, confesó que su motor principal es el futuro: puesto que uno de sus hijos planea seguir con su legado, por lo que se niega a entregarle un sistema en ruinas y con pocas oportunidades reales.
Uno de los momentos más reveladores de la charla ocurrió cuando tocamos el tema de la estabilidad laboral. En un país donde cada gremio busca su propia parcela de privilegios, la postura de Heilbron resulta disruptiva por su honestidad. Al ser consultado sobre la creación de un régimen especial para los profesionales de la salud, su respuesta fue un «no» rotundo. Argumentó que experimentos similares, como el régimen de los profesores, han demostrado ser «desastrosos» en la práctica.
En su lugar, Heilbron propone una solución que denomina «formalización real». Su plan consiste en integrar a toda la fuerza laboral de la salud dentro del régimen laboral normal, pero con una condición innegociable: la eliminación definitiva de los contratos de prestación de servicios (OPS) y la tercerización. Denunció con severidad que, paradójicamente, son los hospitales públicos los que mantienen los vínculos laborales más precarios y lesivos con sus empleados.
Como hombre de ciencia y tecnología, su propuesta estrella tiene un fuerte componente digital. En respuesta a la pregunta, sobrecómo solucionar el caos de la información y los pagos, nos habló sobre su proyecto de crear un Software Nacional Integrado de Historia Clínica.
Este sistema, según detalló, no es un simple archivo digital. Se trata de una plataforma capaz de operar offline en zonas sin conectividad, diseñada para permitir la facturación directa del Estado a los profesionales, evitando intermediarios innecesarios. Heilbron sostiene con convicción que este software se pagaría solo, gracias al ahorro masivo que generaría al evitar la repetición innecesaria de exámenes y procedimientos que hoy desangran el erario.
Entramos luego en un terreno espinoso: el Servicio Social Obligatorio. Muchos médicos jóvenes lo ven como un rito de iniciación, pero Heilbron lo ve como un anacronismo peligroso. Ante la duda sobre cómo solventar la brecha de atención entre las urbes y el campo, propuso eliminar el «rural» tal como lo conocemos.
Su argumento es lógico: no se puede pretender brindar atención de calidad enviando a los médicos con menos experiencia a los lugares con menos recursos. En su lugar, propone un modelo de incentivos económicos robustos para atraer a médicos generales y familiares experimentados a las zonas rurales. Heilbron ve en la medicina familiar la «especialidad del futuro», especialmente si se potencia con herramientas de Inteligencia Artificial para el diagnóstico temprano.
No podíamos obviar el clima político general. Cuando se le preguntó por su diagnóstico de la democracia colombiana, el doctor recurrió nuevamente a la metáfora médica: la comparó con un paciente enfermo pero con posibilidades de recuperación, siempre y cuando se mantenga la libertad como signo vital. Criticó la falta de estadísticas confiables, señalando que en Colombia no sabemos cuántos infartos o casos de cáncer hay realmente; lo único que sabemos con certeza es que las tutelas en salud aumentan un 36% anual, un signo claro de la desesperación ciudadana.
La entrevista tomó un tinte más personal cuando abordamos su entorno familiar. Cuando se le interrogó por su vínculo con Sabas Pretel de la Vega, Heilbron no esquivó la bala. Defendió a su tío, como lo haría cualquier sobrino que ama y aprecia a un tío, además le calificó como un «preso político de las cortes» y reivindicó el honor del apellido Pretel, ligándolo a figuras históricas de la independencia como José Liberato Pretel. Intuyendo en cierta manera que los “pecados” no se heredan.
De igual manera, enfrentó las etiquetas ideológicas. Cuando indaguépor las acusaciones de «fascismo» que recibe a diario en redes sociales, respondió con una ironía cargada de peso histórico, recordando que su propia familia, con ascendencia judía fue víctima del Holocausto nazi. Además, explicó su visión política mediante un diagrama de cuatro cuadrantes donde el tamaño del Estado y la cantidad de leyes deben equilibrarse en el centro para evitar los extremos autoritarios.
Volviendo al tema médico, el doctor Heilbron puso el dedo en la llaga de la formación académica. Denunció que Colombia tiene seis veces más cupos de pregrado que de posgrado, una asimetría que alimenta la frustración profesional. Enfrentado a la pregunta sobre cómo solucionar esto, lanzó una propuesta que seguramente causará escozor en las facultades de medicina: quitarle el monopolio de las especialidades a las universidades debido a la corrupción y venta de cupos.
Su modelo se inspira en sistemas como los de España o Estados Unidos, donde las clínicas y hospitales son los encargados de formar a los especialistas, bajo un esquema donde los residentes no paguen matrículas exorbitantes y los profesores trabajen ad honorem, dado que el trabajo del residente ya genera un valor económico para la institución.
Al terminar la entrevista, la sensación que queda es la de haber escuchado a un hombre que no teme romper cristales. Heilbron financia su propia campaña para garantizar su independencia, criticando a quienes llegan al Congreso debiéndoles hasta la sombra a los contratistas. Cuando se le consultó por última vez si creía posible este cambio, su mirada reflejó la misma determinación que debe tener un cirujano antes de una incisión crítica. Heilbron no busca ser un político más; busca ser el cirujano que el sistema de salud necesita para no morir en la mesa de operaciones. Ahora solo es deber de los colombianos, firmar el consentimiento informado en las urnas aceptando o no el tratamiento de Heilbron…
Nota:
Esta columna corresponde a un ejercicio de análisis y perfil crítico sobre propuestas de política pública en salud, basado en una entrevista periodística. No constituye publicidad política ni pretende promover candidaturas electorales, sino aportar al debate sobre el sistema de salud colombiano y sus principales actores.