Imagen de Felipe Olaya Arias

Felipe Olaya Arias

Elecciones 2026: la democracia en la era del algoritmo

Una columna del Portal de Opinión

Compartir

La democracia, en su sentido más exigente, necesita que el ciudadano pueda decidir libremente a partir de información verificable. Esa premisa hoy enfrenta su mayor desafío tecnológico de cara al proceso electoral de 2026 en Colombia.

Las elecciones ya no se definen únicamente en plazas públicas, en el uno a uno en la calle, ni en debates de radio o televisión. Cada vez más se disputan en una infraestructura digital donde la inteligencia artificial puede amplificar verdades o fabricar mentiras con una eficacia inquietante. Colombia llega a este ciclo con la experiencia de haber visto el poder de movilización de las redes sociales, pero también con el riesgo crítico de asumir que esa influencia sigue siendo orgánica. En realidad, la conversación pública está cada vez más mediada por algoritmos y modelos generativos capaces de alterar el flujo informativo a una escala sin precedentes.

La tecnología no vota, pero sí condiciona el ecosistema informativo del electorado. La microsegmentación, la amplificación de tendencias y la optimización emocional de contenidos, herramientas legítimas en marketing, se vuelven peligrosas cuando se utilizan para suplantar identidades, distorsionar hechos o manipular percepciones con precisión quirúrgica.

En este escenario, el voice cloning, los deepfakes de audio y los synthetic media dejaron de ser curiosidades de laboratorio para convertirse en amenazas directas a la integridad del voto y de la democracia. Un archivo de voz falso, diseñado para imitar la cadencia de un candidato y distribuido masivamente por redes de mensajería cerrada, puede causar un daño irreversible en minutos, superando la capacidad de respuesta de cualquier aclaración oficial. A la vez, la saturación de contenido generado artificialmente produce un efecto corrosivo: la desconfianza generalizada termina llevando a que el ciudadano ponga en duda incluso hechos reales y comprobables.

Por eso, identificar contenidos manipulados ya no es un tema “técnico”: es una competencia democrática esencial. Implica una auditoría ciudadana permanente, con puntos de control básicos que cualquiera puede aplicar:

  • Imágenes: revisa manos, dedos y proporciones, donde la IA suele fallar. Textos deformados, sombras incoherentes o reflejos mal alineados suelen delatar manipulación digital.
    Audios: desconfía de voces demasiado “perfectas”. La ausencia de respiraciones, una entonación plana o cambios bruscos de tono pueden indicar clonación, especialmente si no existe una fuente clara.
  • Videos: observa el parpadeo, la textura de la piel y la sincronía labial. Fallos en fonemas como “p”, “m” o “b” son señales comunes de edición artificial.
  • Contexto: si un contenido altamente emocional circula solo en cadenas anónimas o grupos cerrados y no aparece en fuentes verificables, su credibilidad es baja.

La transparencia se convierte, entonces, en el antídoto más realista frente a la opacidad algorítmica y al ruido estadístico que contamina el debate público. El desafío de 2026 no es prohibir la tecnología, sino exigir trazabilidad: quién paga, a quién se dirige el mensaje, con qué segmentación, qué piezas se pautan y bajo qué reglas operan las campañas en el ecosistema digital.

Ese rigor también debe extenderse al terreno de las encuestas y sondeos. La proliferación de mediciones sin ficha técnica, sin metodología clara o sin sustento verificable exige una alfabetización estadística mínima: el votante debe poder distinguir entre una tendencia legítima y una narrativa artificial diseñada para inflar candidaturas o desmoralizar electores.

En última instancia, la innovación sin propósito ético se transforma en una herramienta de control. Proteger la legitimidad del sistema electoral en 2026 requiere un pacto práctico, no retórico, entre partidos, plataformas digitales y ciudadanía, para que el debate no sea sustituido por el engaño. La democracia no compite sola contra el algoritmo: necesita una sociedad crítica, con hábitos de verificación, capaz de dudar con método y contrastar antes de reaccionar.

¿Qué puedes hacer tú?

La salud de la democracia empieza en tu pantalla. Antes de compartir ese audio o video “impactante” que te llegó hoy, toma 30 segundos y aplica estos puntos de control. Si dudas del origen, no lo difundas. Rompe la cadena de la desinformación: verifica antes de compartir.

Quizás también le interese...

Buscar

portalopinion.com