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Rubén Darío Lizarralde

El país exige carácter y honestidad.

Una columna del Portal de Opinión

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Todo el mundo clama por un excelente gobierno en el 26, un gobierno transparente, cero corrupción, que elimine tramitología y la burocracia innecesaria.

Los trabajadores, los desempleados, los empresarios, los emprendedores, los agricultores, los estudiantes, todos quieren oportunidades y reglas de juego claras. Con todo el respeto, pero con toda contundencia, les solicito a los colombianos que no improvisemos con la escogencia del próximo gobierno. Tenemos que apoyar a los mejores, a los que no tienen tacha.

Tener una buena hoja de vida es importante, pero no basta. Hay que mostrar resultados. El país va a quedar mal, pero muy mal, en sus aspectos fundamentales, como en la seguridad, en la salud, en el sector energético, en infraestructura, en el sector del comercio, en las relaciones internacionales, en minería, gas y petróleo, en educación y muy mal en sus recursos fiscales.

Solo una dirección de carácter que sea capaz de generar confianza en los colombianos y en los organismos internacionales podrá recuperar este país e impulsarlo hacia los grandes propósitos. En relación con la campaña presidencial, hay todavía mucha agua que pasará debajo del puente en Colombia. Todavía no hay nada escrito, falta mucho tiempo.

Si hay mucha inconformidad, desconfianza e inseguridad sobre la fortaleza de los candidatos, inclusive sobre mi fortaleza como candidato. En mi caso, solo necesito que el país conozca mis ejecutorias, mis resultados y eso se dará. Lo importante es que de mi parte no hay tacha alguna y sí ejecutorias importantes y concretas en temas sociales y empresariales.

Hay muchos países que no tienen en sus ciudadanos el empuje, la disciplina, el carácter, la creatividad, el amor, la pasión por el trabajo que tienen los colombianos. Pero esos países no tienen coca, ni la violencia que esta droga maldita propicia. Y por ello esos países reciben mucha inversión extranjera y hay mucho menos desempleo y criminalidad.

Quienes han estado en contacto con el paramilitarismo o la guerrilla, en los innumerables procesos de paz, le han quedado mal a los colombianos, nos han fallado y no tienen ninguna autoridad moral para aspirar a reorientar este país. No nos han quedado mal por la búsqueda de la paz, nos han quedado mal por las implicaciones que ha tenido la coca en estas negociaciones y que sobre los cuales no hay nada claro, salvo el desastre que hoy vivimos. Gracias al incremento de los cultivos ilícitos y al fortalecimiento de la economía ilegal, Colombia es hoy una nación donde la economía ilegal sostiene el precio del dólar.

Sobre este tema la gran mayoría de los ministros de Hacienda no se han atrevido a aceptarlo. Si queremos de verdad un país diferente, próspero y disruptivo, que genere oportunidades para todos, esto tiene que cambiar. Tenemos que acabar con la coca para ser de Colombia un país deseado por muchos y apetecido por los inversionistas.

Un país donde la justicia garantice el cumplimiento de la Constitución y la ley. Un país seguro donde se viva en paz. Este es un imperativo definitivo, no más coca.

Me comprometo, no más negociaciones con delincuentes. Se someten o deben enfrentar el peso del Estado y de la ley. Nuestra mira, nuestro propósito está con los ciudadanos de bien, quienes están cansados de tanto atropello.

Todos hombres y mujeres honestos estarán protegidos en mi gobierno. Haremos en Colombia que la seguridad, la paz y el trabajo con garantías sociales sea posible. Haremos posible lo que muchos ven imposible.

Colombia será grande y respetada. Ofrezco todo mi esfuerzo y mi vida por ello.

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