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Andres Barrios Rubio

Domingo: abismo o corrección

Una columna del Portal de Opinión

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Este domingo se llevará a cabo un evento de suma importancia, ya que no se trata de una jornada electoral cualquiera. Este proceso no se limita únicamente a la elección de un nuevo Congreso de la República o la participación en consultas presidenciales. Este es un punto de inflexión. En el contexto actual, Colombia se encuentra ante una encrucijada que requiere una deliberación cuidadosa y una toma de decisiones informada. Es fundamental evaluar si se continuará profundizando en la incertidumbre que ha prevalecido desde 2022 o si, por el contrario, se iniciará un proceso de reconstrucción del rumbo con serenidad y determinación.

En el año 2022, millones de ciudadanos emitieron su voto motivados por sentimientos de esperanza, ira y hastío. El triunfo de Gustavo Francisco Petro Urrego simbolizó un cambio, pero este no debe confundirse con improvisación ni confrontación. A los cuatro años de distancia, persisten incertidumbres en materia de seguridad, economía y cohesión social. Un número considerable de personas percibe una mayor fragmentación, desconfianza y reformas tensas sin consensos amplios.

El Congreso que se elija este domingo será de vital importancia. No se trata de un actor secundario. Este órgano constituye el contrapeso del poder ejecutivo, siendo el escenario donde se debaten las reformas estructurales y donde se determina si Colombia mantiene su estabilidad institucional o se ve abocada a decisiones precipitadas. Un legislativo débil o influenciado por intereses ideológicos extremos puede agravar el deterioro. Una gestión plural, responsable y con sentido de Estado puede corregir excesos y recuperar la estabilidad.

Las consultas presidenciales transmiten un mensaje político contundente. El proceso de selección de candidatos no se limita únicamente a la elección de precandidatos. El propósito es evaluar capacidades, establecer narrativas y definir los parámetros del debate que se impondrá durante los próximos meses. Cada voto emitido en este proceso electoral constituye una señal clara sobre el tipo de liderazgo que la ciudadanía desea para el país, ya sea uno que exacerbe la confrontación o uno que comprenda la necesidad de alcanzar acuerdos para un gobierno eficaz.

El dilema es evidente, y debe abordarse con determinación. Es necesario persistir en la lógica del todo o nada, o recuperar el valor del consenso. En lugar de adoptar posturas ideológicas radicales, Colombia requiere soluciones pragmáticas y efectivas. No se requieren discursos incendiarios; se exigen resultados concretos y medibles. El país ha expresado su intolerancia hacia la improvisación y ha solicitado una gestión más eficiente.

El sufragio de este domingo no será la solución inmediata a los problemas estructurales del país. No obstante, es posible que este movimiento marque el inicio de una corrección. Es crucial transmitir el mensaje de que la ciudadanía ha aprendido de los errores previos, que comprende la importancia de una planificación exhaustiva, y que la indignación no puede reemplazar la experiencia ni el equilibrio en la toma de decisiones.

Seguir cayendo en el abismo es posible. Por lo tanto, el acto de votar requiere de información, reflexión y memoria, y no de emociones intensas como la ira o el fanatismo partidista. La democracia, lejos de ser una mera terapia emocional, constituye un ejercicio racional de poder ciudadano. Cuando se implementa con responsabilidad, corrige el rumbo; pero cuando es imprudente, agrava las consecuencias.

El país se enfrenta a desafíos de gran envergadura, que incluyen inseguridad en regiones estratégicas, desaceleración económica, crisis de confianza entre los inversores, tensiones institucionales y una ciudadanía extenuada. En este sentido, la elección del Congreso constituye un elemento fundamental para definir la calidad del debate público y la viabilidad de los proyectos presidenciales futuros.

No se trata de regresar al pasado ni de ignorar la necesidad perentoria de implementar reformas. Es fundamental realizar un trabajo bien hecho. Es preciso construir sobre los aspectos que han demostrado su eficacia y corregir aquellos que presentan deficiencias. Es necesario comprender que la estabilidad institucional no es un capricho conservador, sino una condición indispensable para el progreso social.

El domingo no se llevará a cabo un referendo sobre una persona. Esta decisión implica una elección entre modelos de liderazgo y la definición de los objetivos de consolidación del país. Si el sufragio se convierte en un acto de memoria y responsabilidad, Colombia tiene la oportunidad de iniciar un proceso de reencuentro. Si se convierte en un grito visceral más, el ciclo de frustración continuará. Es importante destacar que las elecciones no modifican la realidad de manera automática. Sin embargo, es innegable que estos datos revelan el carácter de una nación. Este domingo se tomará una decisión crucial: si se continúa avanzando hacia el límite o si se da un paso atrás para evaluar y reconstruir de manera sensata. El rumbo no está definido. Se decide.

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