El reciente encuentro entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump ha sido presentado como un avance en la relación bilateral entre Colombia y Estados Unidos. Sin embargo, más allá de las fotografías, los elogios mutuos y el ambiente cordial, el país debe hacerse una pregunta fundamental: ¿qué ganó realmente Colombia? La política exterior no puede medirse por simpatías personales entre mandatarios. Se mide por su impacto en la vida de los ciudadanos. Y en ese punto, Colombia todavía espera respuestas concretas.
Durante más de 28 años he ejercido como abogada defendiendo derechos humanos y acompañando a colombianos en el exterior. Ese trabajo me ha valido que muchos me llamen la Abogada de Hierro, no por dureza, sino por la firmeza con la que creo que Colombia debe defender a su gente dentro y fuera del país. He visto cómo las decisiones diplomáticas afectan directamente a nuestras familias, especialmente a los migrantes que viven en condiciones de vulnerabilidad. Hoy cerca de tres millones de colombianos residen en Estados Unidos. Una gran parte de ellos enfrenta incertidumbre migratoria, temor constante y barreras para acceder a oportunidades laborales dignas. Para ellos, las relaciones entre gobiernos no son un tema protocolario; son una cuestión de estabilidad, seguridad y futuro.
Por eso preocupa que el éxito de este encuentro se mida en calificativos y gestos simbólicos, mientras miles de compatriotas siguen esperando soluciones reales. Colombia necesita una política exterior seria, coherente y estratégica. Una política que fortalezca las relaciones comerciales con aliados estratégicos, pero que sobre todo proteja a los colombianos en el exterior.
Esta coyuntura abre una oportunidad que el Gobierno nacional no puede desperdiciar, y aquí es donde la diplomacia debe traducirse en acciones concretas. Primero, es urgente activar un plan conjunto entre la Cancillería, la Embajada de Colombia en Estados Unidos y la red consular para agilizar los procesos de asilo de miles de colombianos que llevan años, incluso décadas, esperando una respuesta. La demora administrativa no puede seguir condenando a nuestras familias a la incertidumbre permanente.
Segundo, Colombia debe gestionar de manera inmediata un Estatus de Protección Temporal para los colombianos en Estados Unidos, al menos por un año. Este mecanismo permitiría regularidad migratoria, acceso a autorización de trabajo y la posibilidad de que nuestros compatriotas puedan organizar su vida sin miedo, sin persecución y sin la angustia de no saber qué pasará mañana.
Estas dos acciones sí tendrían un impacto real: colombianos trabajando legalmente, aportando a la economía, pagando impuestos y viviendo con dignidad. Esa es la verdadera medida del éxito de una relación diplomática. Estados Unidos es un aliado estratégico para Colombia. Pero esa relación no puede quedarse en gestos ni en sonrisas para la foto. Debe traducirse en protección real para nuestra gente. Colombia necesita liderazgo firme, con carácter y con visión de Estado. Yo creo en una Colombia de hierro: una Colombia respetada en el mundo, sólida en sus alianzas internacionales y decidida a defender a sus ciudadanos dondequiera que estén. Las reuniones diplomáticas son importantes, pero su verdadero valor solo se demuestra cuando producen resultados tangibles. Colombia no necesita gestos simbólicos; necesita soluciones concretas